No soportó la idea de perderlo, de nunca más tenerlo entre sus piernas y peor, entre sus dedos. Como contención de daños decidió rociar a sus proximos amantes con la misma colonia barata. Tal vez, obviando la diferencia de tamaños, cerrando los ojos estarían juntos de nuevo. Pero por desgracia, los invitados de mal gusto no soportaban la idea de mantenerse callados durante la función, recordandole que no era él sino otro.
Y qué hice yo? nada, literal nada. Me tumbé esperando a que pasara el temblor. El temblor nunca pasó.
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