En mi primera sesión hablé un poco de él, como no queriendo. No quería porque sabía que mencionar su nombre iba a ser irremediablemente un detonador de sentimientos dolorosos que terminarían por cerrarme la garganta. Dicho y hecho. Controlé las lágrimas llenándome de enojo. Tengo los sentimientos en la boca del estómago. Ocupo una revolución y una revelación.
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