9.22.2010

vino chileno

La primera vez que le pegué a un hombre en la cama (aunque fue más en el suelo que propiamente en una cama) había bebido una botella y media de vino, la ultima vez; también. Las tres botellas eran chilenas, me refiero la una y media primera y a la una y media ultima.

La primera vez estaba despidiendo de un exnovio en un hostal, en un país al que no he vuelto pero pienso volver. Lo que me cuenta, porque yo nunca me acuerdo, es que le di un zarpazo y le dije: para que me dejes de nuevo. Creo que a él le gustó porque en lugar de dejarme me regaló otro boleto de avión. Como en ese otro encuentro no lo volví a cachetear me terminó de dejar. La culpa la tuvo él por no comprarme mi vino chileno.

Le empecé a agarrar amor a eso de la dominada, me compré un látigo, unas botas altas de esas que llegan al muslo, pelucas, esposas con peluche, sin peluche, aprendí a hacer de esos nudos de boy scout, cambié mi cama por una con cabecera de herrería, le puse corcho a las paredes de mi piso. Disfruté de mi nuevo hobbie un par de meses pero luego me conseguí un novio católico de golpe en el pecho que muy apenas lo hacía de misionero a regañadientes. Vendí mis juguetes en un sólo paquete por ebay, con todo y la cabecera de herrería, creo que lo compró una viejita de 75 para revivir su matrimonio.

De la ultima vez, no escribo mucho, porque tampoco me acuerdo. Pero mi labio parece indicar que a él también le gusta eso de la dominada.


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