El Abominable Hombre de las Nieves nunca me quiso realmente, me utilizaba. Se sentía humano cuando estaba conmigo, porque yo, has de saber, soy muy humana; cuando quiero, quiero mucho y cuando odio, odio mucho, como si fuera el ultimo día de mi vida.
Él mimetizaba su monstruosa forma de Abominable Hombre de las Nieves con mi estructura humanoide, entonces parecía que me amaba, que se enamoraba. Pero en realidad el refrigerador que tenía por corazón seguía ahí. No había nada que lograra calentarlo, ni lo mucho que lo quise ni lo mucho que lo odié.
Cada seis meses el Abominable Hombre de las Nieves se encargaba de recordarme su monstruosa condición. Atravesaba mi pecho con sus garras peludas y me estiraba los órganos hasta que se me salía el alma por los ojos, entonces se iba sin mirar atrás. No estoy muy segura de como es que logré reponerme tantas veces de sus abusos, tampoco sé por qué le pedía que regresara cada vez que se iba.
yo no sé, pinche Abominable Hombre de las Nieves.
1 comentario:
Hay que ser cocodrilo.
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