Estela Echegaray, la escuché clarisimo. Estaba del otro lado del teléfono. Pero ella hoy debe tener 80 años cuando menos, no tendría nada que estar haciendo en un corporativo de seguros comunicandose al otro lado del país para aclarar un asunto de una póliza chueca. Era su voz así, gruesa, de trasvesti con efisema. Una voz grave que se quedaba sin aire, como la recuerdo de las visitas a su casa, de las llamadas de larga distancia. Estaba segura que en cualquier segundo preguntaría por la Mamis, así la conocen todos, yo la conozco de muchos otros nombres variantes de Madre.
mi peor enemigo es mi memoria.
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