Hoy, por fin, regresaré al oftalmólogo. Cada vez me cuesta más trabajo ir porque me da terror cuando me pide que diga las letras por orden en el que aparecen en el espejito. Las letras se me mueven y sus nombres se me olvidan.
Se me cierra la garganta y se me llenan los ojos de lagrimas nada más de pensar que me puedo equivocar, decir eme en lugar de ache o ele en lugar de te y que la gente se dará cuenta de mi ignorancia.
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