Ella le tuvo que dar las gracias por no usar la misma colonia de siempre. Si la hubiera llevado a cualquiera de sus encuentros, no habría tenido más remedio que enamorarse de nuevo, entregarle su corazón y un riñón-tres-cuartos del otro. Ahora todo iba a ser más fácil, en lugar de enamorarse iba a lograr que él solo, cual Jocasta siglo XXI, se sacara los ojos. Tenía plan perfecto para sangrarle sus orejas encerilladas a puro lengüetazo, habría que pensar en el mal sabor de boca, pero ¿qué importa cuando una mujer está despechada?
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