Entonces por un instante no siento,
se me para el corazón,
la sangre se cuaja
y yo gelatina me quedo viéndolo alejarse, despedirse, con el Jesús en la boca.
Olvido la vida sin él y regreso a mi rutina pataleando y arañando.
luego de llorar un rato me toca darle las gracias por seguir haciéndome sentir v.i.v.a.
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