desde los quince o antes pensé, porque lo aprendí de mi casa, que vivir era muy similar a sufrir y que amar era un equivalente.
a mis veinticuatro desperté, me di cuenta de que ya tragué mucha mierda y de que todos los puñetas que me intenten hacer sentir menos que reina se pueden ir a la verga.
Esto no es un simulacro.
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