7.11.2010

reminiscencias

Despertamos todos, menos él. No me di cuenta, tenía tres años, mi vida se basaba en tener el cabello corto, ver caricaturas, usar zapatos ortopédicos y colorear. Coloreaba mucho, todo el tiempo me salía de la raya, peleaba con mi hermano, me comía los dulces a escondidas, me robaba los cevalines porque sabían a dulce, tenía tres años y no por eso tenía menos preocupaciones que ahora. Cuando eres niño no tienes menos preocupaciones, tus juegos son tu vida y si pierdes una pieza de la muñeca que te acaban de regalar se te acaba la vida igual que ahora si pierdes a la muñeca entera con la que querías compartir tu vida. Tenía tres años y el mundo estaba cambiando. Salinas de Gortari tenía un año de presidente, engañando a los adultos y a los países vecinos, país desarrollado decía, el mundo estaba cambiando y le cambió para siempre a mi abuela, esa misma abuela que amo tanto. 

Todos despertamos esa mañana, menos él, su compañero de vida, el hombre que le pidió matrimonio, que la hizo enojar, sufrir, llorar, amar, el que la hizo madre involuntariamente, el mismo que la engañaba vetúasaberconquien, el mismo cuyo karma lo alcanzó y lo hizo dependiente. Antes de esa mañana, se escuchaba su voz por toda la casa, MORES gritaba, llamaba a mi abuela. Mi abuela es Alicia, Leonor, Preciosa, Mamis, Mamaita, Abue, güelita, Lichita, para él era mores. Murió en una cama después de años de no poderse mover solo, murió con llagas en la espalda, en las nalgas, en las piernas, sufrió en vida pero al morir tuvo la muerte más dulce. Pago sus pecados a la católica, sufriéndole, usando pañal, perdiendo la dignidad de poder cagar con la puerta cerrada y limpiarse solo. Uno cree que es poca cosa porque nunca ha pasado por eso, pero la dignidad más básica está en cagar a puerta cerrada.

Murió hace un montón de años, vi a los paramédicos bajarlo en una camilla por las escaleras, 'se fue al cielo' me dijeron, 'no prendas la tele' y me mandaron a guardar luto, me dieron las crayolas, una hoja de papel pero me dijeron que sólo usara colores oscuros, que ese día era un día triste para mi abuela, mi abuela que es mi madre, mamaita le decía, le digo, y si tengo hijos antes de que me deje también le dirán mamaita. Yo dibujé noche, dibujé callada, dibujé y no me despedí. Cuando se es niño se es más sabio, no tenía apego, se había muerto, era natural, si se había ido o no al cielo no me importaba, ya no iba a estar y eso era todo. Los demás estaban tristes, pero no los vi llorar.

Su alma se quedó en esta casa y durante años en su recamara la luz se apagaba o la televisión se prendía. A Mores le hace compañía su marido, la abraza cuando duerme, porque ella duerme en esa habitación dónde él ya no despertó, un día, si el dios al que ella le reza no es un hijo de puta, ella tampoco va a despertar, tendrá una muerte dulce. Pero esta vez que soy más adulta que niña yo voy a llorar, porque conformé crecí le agarré apego, porque extrañaré a mi viejita cuando ya no esté. Hasta entonces le daré beso de buenas noches.

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