5.09.2010

estúpidos domingos

Antes de empezar a ir a la escuela recuerdo que un domingo se fue la luz. Yo habré tenido entre tres y cuatro años, pero lo recuerdo perfecto, desde entonces los domingos me saben igual. Siendo hija casi única, sin luz me quedé sin fuente de diversión alguna. Los juegos de mesa me sabían igual a victoria como a derrota (sí, jugaba sola), desde entonces desarrollé un problema con mi espíritu competitivo pero ese es cuento para otro día aburrido. Los calorones regios de verano sin luz se vuelven insufribles, hay un antes y un después de ese día, empecé a odiar los domingos.

Cuando empecé a ir a la escuela los domingos me sabían igual de mal y peor, porque se habían vuelto en el preludio de un lunes de levantarse temprano. De repente los domingos se volvieron sinónimos de estrés por hacer la tarea a la ultima hora, de estudiar durante quince minutos para después decidir que lo que no aprendí durante el mes no lo iba a aprender en lo que le quedaba al domingo, de Siempre en Domingo con Raúl Velasco, los domingos de realities shows y de ir pataleando a misa.

Incluso ahora que la semana ni empieza ni termina, los domingos me da más calor y me aburro más.

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