5.17.2010

figurativa y gramaticalmente hablando I

Fantaseo con los presentes futuros,
 con el pretérito en el futuro imperfecto y el condicional, 
figurativa y gramaticalmente hablando. 


   Hace un par de años paseaba por las calles de parís con quien creí que iba a ser el amor de mi vida, por el resto de mi vida, comíamos baguettes sentados en las banquetas, le dábamos de comer a las palomas, él me tomaba fotos y yo hacía como que no quería, pero nunca dejaba de posar. 




   Mi mejor ángulo es el derecho, girando la barbilla unos 20° hacia abajo mato dos pájaros de un tiro, giro. Por un lado dejo ver mi perfil que, según dicen los que saben, es mi mejor feature y por el otro lado, oculto la cicatriz que llevo debajo del ojo izquierdo. Cuando me preguntan les cuento la historia que no me canso de repetir y a la que, con el tiempo, le he ido añadiendo un par detalles, imágenes para darle algo de sabor a la mentira. A los curiosos les digo que fue un accidente con un proyecto escolar, que la escuela por miedo a una demanda me terminó becando y exentando el resto de la secundaria. 

   Lo que nunca cuento es que el proyecto escolar no era escolar, o sí era escolar pero también era amoroso, que la mentira nos la terminamos creyendo todos y que al proyecto escolar/amoroso no lo dejé por violento sino porque dejó de serlo. Cuando se dio cuenta de que me doblaba la edad y que había ido a parar al hospital para que me dieran diez puntadas después de un tremendo trancazo que me dio directo a la cara; dejó de ser un hombre violento para ser un hombre con miedo, amoroso y consentidor. 

Si hubiera querido un hombre con miedo, amoroso y consentidor habría escogido vivir con mi papá, cuando mis papas se separaron.


  A él, con el que paseaba en parís, no lo volví a ver hasta hace poco en un café. Iba con su esposa o con la esposa de otro. A ella la vi con mucha argolla y a él; nada, con los dedos desnudos como siempre había ido desde que me regaló el anillo de plata que nunca se quitaba.

   Los saludé muy mona,

hola como estás
bien y tú

                               esas habían sido sus primeras palabras cuando nos conocimos, se las estaba regresando, él no es (tan) tonto, se dio cuenta de que todo lo que decía (con el lenguaje verbal y el no tan verbal) llevaba un propósito.

A ella le sonreí, no le quedó más remedio que presentármela. Me dijo un nombre raro, ella me devolvió el saludo con acento extranjero. No me extrañó, soy lo más nacional que consumió.

Me acordé de lo que me dijiste hace poco:

'siempre he creído que los extranjeros vienen a buscar con quien coger'

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