5.25.2010

la de los muchos nombres

        Darinka Espinosa es aquella mujer de veintitantos que nació en una calle con número. Ha perdido identidad con el tiempo (creemos que nunca tuvo realmente), tiene justificaciones muchas. Con un nombre eslavo y un apellido español, nacida al norte con crianza del sur, no se le puede pedir a una mujer así que encuentre un equilibrio entre tanta polaridad. Si estuviera dedicada a buscar un balance entre tanto desbarajuste; lo encontraría en medio del atlántico entre el cuenco de Europa y el trópico de capricornio.

            Darinka Espinosa ha estado matriculada en las mejores universidades del mundo (y le faltan algunas muchas), ha sido novia, hermana, hija menor, hija única, cuñada, nuera, prometida, ex novia, alumna, a veces maestra, mesera, barista, paciente, amante, amante paciente, cliente, turista, estudiante, becaria, ex prometida, amiga, financiera, chamana, desempleada, comensal, gordita, prima, pariente, amateur en artes varias y compañera de viaje, clase, curso, grupos estudiantiles, catecismo y proyectos de voluntariado.

           Helena Conhache o con H, es la consecuencia de casi un año en el infierno de clima templado conocido como incertidumbre. Es la que le tira a la artisteada, la que dice las cosas sin pensar, la que escribe, la jamás publicada, leída, rechazada o aceptada, tiene aspiraciones de escritora, de actriz, de chef gourmet repostero, de productora de teatro y de campeona olímpica de algún deporte que no ha sido inventado. Helena Conhache anda de rompe corazones por la vida, lee en un starbucks donde le ponen Across the Universe de soundtrack, es una chica atractiva, entusiasta, lectora, intuitiva, es interesante y sería una buena esposa, dicen algunos, si tuviera acta de nacimiento.

            Ella no es la única que escribe, o que escribió en este blog; Leonor T. Corazón vivió y murió por amor. Ella misma tuvo sus propios pseudónimos, un corazón, un novio, un ex novio, un amante y luego ex amante, le decían Señorita Tocumbo, sinojos, pequeña masoquista en vestido de noche pero eso era más una descripción que un pseudónimo.
Leonor T. Corazón nació en 1920 pero hasta el 2007 tuvo su propia voz, su propio blog. Le escribía a un él que nunca le escribió de vuelta. Le entregó su corazón en bandeja de plata, como a Salomé le entregaron la cabeza de Juan Bautista. Y como Salomé, al él a quien le escribía le pareció poca cosa tremendo regalo, era lo único que tenía y no fue suficiente. Era amor del bueno, del entero, del eterno (hasta que deja de serlo), unilateral como todos los amores que propician el suicidio (exceptuando el amor del Montesco y la Capuleto). Leonor T. Corazón, murió cuando le entregó su corazón a otro que no lo merecía. Leonor T. Corazón, Leonor Todo Corazón se quedó sin el Corazón y se quedó sin el Todo. 






soy todas esas, las vivas, las muertas, las que tienen nombre y las que no.

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